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Buttercup era un gato feliz en su hogar, Key West, Estados Unidos. Pero un día el pobre felino sufrió un colapso y sus compañeros humanos no tardaron en llevarlo corriendo al veterinario. Allí, los veterinarios vieron que el número de células rojas en su sangre era muy bajo, por lo que se necesitaba una transfusión sanguínea urgente.

La clínica no contaba en aquel instante con sangre de gato para poder hacer la transfusión, por lo que optaron por usar sangre de perro. “La sangre de gato es muy difícil de encontrar”, dice el veterinario Sean Perry. “No puedes ponerle sangre tipo A a un gato con tipo B porque causaría una reacción inmune severa. Era más seguro utilizar sangre de perro, aún siendo un procedimiento muy poco común”.

La trasfusión duró cuatro horas y Buttercup no mostró ningún síntoma de rechazo. Según la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, este extraño procedimiento se había hecho sólo 62 veces antes, y ahora Buttercup es el 63.

Fuente: lifewithdogs.tv

Foto: taringa.net

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