Un experimento demuestra que los animales pueden amar

Cuando los animales pueden amar


La experiencia de perder un perro por enfermedad fue lo que llevó a un científico americano a investigar el vínculo que llegamos a crear los humanos con los animales con los que compartimos nuestras vidas. El científico Paul Zak quería saber por qué le afectó tanto la pérdida de su perro Teddy, así que decidió investigar sobre los niveles de oxitocina.


¿Qué es la oxitocina? Se trata de una molécula que nos motiva a tratar a los demás con compasión y a preocuparnos por ellos. La oxitocina siempre ha estado relacionada con las interacciones sociales, influyendo incluso en relaciones con desconocidos.


En su experimento, el profesor Zak contó con 100 participantes, a los cuales se les extrajo sangre al inicio. Después cada participante se metió en una habitación con un perro o un gato durante 15 minutos y jugaron con los animales. Después volvieron a tomar muestras de sangre a los participantes. Si el trato con animales muestra liberación de oxitocina, podría estar ahí la explicación de por qué se crea un vínculo afectivo tan importante entre animales y personas.


Sus experimentos previos mostraban que cuando los humanos interactuamos entre nosotros, los niveles de oxitocina aumentan entre un 10 y un 50 por ciento, dependiendo del tipo de interacción. Por ejemplo, cuando un extraño nos saluda, los valores aumentan en un 5 o 10 por ciento, pero si el extraño es atractivo, pueden llegar a aumentar un 50 por ciento.


El experimento realizado con gatos y perros mostró que ninguna de las especies aumentaron los niveles de oxitocina en los humanos; tan solo el 30 por ciento de los participantes sufrieron un aumento después de su interacción. Sin embargo, apreciaron un factor que ayudaba a incrementar o disminuir los nieles: aquellos que jugaron con los perros y que habían tenido animales previamente sufrían un aumento; pero no pasaba así con gatos, en cuyo caso, las personas que habían tenido antes animales, mostraban un descenso de oxitocina. ¿Por qué? La respuesta parece ser histórica, ya que nuestro apego a los perros es mayor al haber estado unidos a éstos desde hace varios siglos.


También se descubrió que los perros ayudan a disminuir las hormonas que provocan estrés más que los gatos. Cuando este tipo de hormonas están en niveles bajos, la gente tiende a confiar más en los desconocidos. Este hecho puede explicar una creencia social importante: si una persona tiene perros, es de confianza y no nos va a hacer nada malo.

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Pero el profesor Zak fue más allá, no quedándose conforme con estos resultados que le dejaban casi con las mismas dudas. Quiso saber si las interacciones entre animales de distintas especies tenía un impacto entre ellos. Se trasladó a un refugio de animales de Arkansas y allí obtuvo muestras de sangre de un mestizo de terrier y de una cabra que jugaban juntos de manera regular. Ambos eran macho jóvenes y tras sacarles sangre, los dejaron jugar durante 15 minutos y después volvieron a extraerles otra muestra.


Esta vez los resultados mostraron algo increíble. Los niveles de oxiticina en el perro habían aumentado un 48 por ciento, lo que muestra que el perro estaba muy apegado a la cabra, el perro era “amigo” de la cabra. Pero los niveles de la cabra eran asombrosos: habían aumentado un 210 por ciento. Estos niveles muestran que la cabra estaba enamorada del perro. El profesor Zak sólo había visto estos niveles en humanos cuando éstos se encuentran con las personas que quieren o en momentos de amabilidad.


Charles Darwin dijo en su libro “La Expresión de las emociones de los animales y los hombres”  de 1872 que las emociones se conservan en todas las especies, incluidos perros, cabras o humanos. Los animales de diferentes especies liberan oxitocina mostrando que, como nosotros, son capaces de amar. Es más que probable que los perros y otros animales sientan lo mismo que nosotros sentimos hacia ellos, hasta podemos llamarlo amor.